A pocos
días de que sea presentado el nuevo Continental GT, que no supondrá un cambio
radical respecto al actual, os ofrecemos la prueba de la versión más deportiva
de este modelo, el Continental Supersports. En este caso con carrocería Coupé,
pues existe también una descapotable (Convertible). Gracias a la cesión de una
unidad por Bentley Barcelona, disfrutamos del coche que la marca británica
considera su “supercar”.
Para realizar esta transformación de cupé a
superdeportivo, el Continental ha sido aligerado y, en cierto modo, “tuneado”.
Eso sí, con un estilo deportivo que raya la perfección de la elegancia. Valgan
como ejemplo los asientos o la pintura opcional que montaba el coche probado.
Los asientos, de estilo baquet, son los mismos, nada más y nada menos, que los del
Bugatti Veyron Super Sport y consiguen aligerar este Bentley en 45 kilos
respecto al modelo estándar. La pintura que vestía, denominada Dark Grey Satin,
es herencia también de otro modelo de una de las marcas del Grupo Volkswagen,
el Lamborghini Reventon y que, según la gente de Bentley Barcelona, cuesta
alrededor de ¡27.000 euros! ¿Cara? No lo sé. Yo si me lo comprara no dudaría en
incluirla en el pack.
Lo primero
que debemos quitarnos de la cabeza es la comparación del Supersports con otros
“supercars” como el Ferrari Fiorano o el propio Lamborghini Reventon. Un
Bentley es un Bentley y eso siempre ha sido así y siempre será. Me explico.
Esta marca siempre pone por delante el confort y la elegancia y éstas siempre
estarán reñidas con la deportividad radical. Es decir, el Supersports, con sus
630 CV de potencia y sus 329
km/h de velocidad punta, es el Bentley de calle más
potente y rápido de la historia, pero, a pesar de su cura de adelgazamiento,
sigue pesando 2.315 kilos. Este dato no aparece demasiado en el dossier de
prensa, por lo que entendemos que no es algo de lo que se enorgullezca la marca. También es
cierto que la mejora dinámica respecto a la versión estándar del Continental GT
o la GT Speed
es notable. Tuve la oportunidad en su día de probar ambas y la verdad es que se
nota mucho más ágil, aunque, cuando apretamos el ritmo en carretera revirada,
es imposible olvidarnos de que conducimos un coche de más de dos toneladas de
peso. La ley de la física se impone siempre.
Si el
diseño del Continental GT es, en mi opinión, de lo mejorcito que ha creado el
hombre, en este Continental Supersport alcanza lo sublime. Insisto, con esta
cara pintura, todavía mejora más. Con ella, cada línea de su musculosa carrocería
se percibe mejor, sea de día o de noche. Desde lejos la apariencia es mate,
pero si lo miras de cerca también destella los brillos de una pintura
metalizada, como veréis en las fotos en detalle. No coge huellas. Hasta el
tacto es agradable y da la sensación de que no será fácil rayarlo,
aunque lo
lavemos diariamente en un túnel de lavado (cosa que, obviamente, no recomiendo).
Cuando estuve en el Salón de Franckfurt de 2007 y vi por primera vez esa
pintura en directo en el Lambo, me pareció casi hortera, pues hacía que el Reventón
pareciera de plástico, pero qué bien le queda a este Bentley.
El potenciado
motor de posición delantera del Supersports necesita ahora más aire, así que el
frontal ha sido adaptado a tal efecto. El paragolpes está más “agujereado” que
en la versión estándar o en la Speed, con dos toberas laterales
características. También el capó cuenta con dos aperturas verticales, que le
dan un aspecto más “racing” y lo hacen rápidamente reconocible. En la parte
trasera también vemos un paragolpes que parece incluir un casi imperceptible
difusor en su parte inferior. Además, las ópticas han sido oscurecidas. En la
vista lateral llaman la atención los nuevos retrovisores más redondeados y
anclados a las puertas (como dictan las nuevas normativas en caso de atropello).
Éstos incorporan los intermitentes mediante luces LED. Obviamente también
destacan las llantas de 20
pulgadas de ocho radios y que han sido diseñadas “ex
profeso” para esta versión. Éstas, igual que otros componentes de la carrocería,
como la parrilla frontal, están acabadas mediante un tratamiento que Bentley denomina
en su dossier en inglés como “Physical Vapour Deposition” y que sirve para
darle un brillante y perdurable acabado, además de lujoso, claro está. Según la
marca, este proceso está heredado de la industria relojera. También en los
laterales, tras las ruedas, encontramos unos cromados y discretos logos con la
denominación “Supersports”. Estas inserciones son típicas en los “supercars”,
pero aquí han sido elegantemente adaptadas por la marca británica. La guinda
del pastel la pone el alerón desplegable, que está mimetizado con la luneta
trasera. Es de diseño sencillo, idéntico al de la versión Speed. Yo
recomendaría a los ingenieros de Bentley que imitaran el alerón del Porsche
Panamera Turbo, que se eleva con el mismo sistema pero además se extiende a lo
ancho con dos piezas superpuestas a modo de alas (ríete de “El coche
fantástico”).
INTERIOR
En el
interior los cambios vienen más por la introducción de nuevos materiales que por
el diseño general.
Eso sí, los asientos ya mencionados constituyen una gran
novedad. Vienen de serie y, saber que tus nalgas se acomodan sobre los mismos
baquets que utiliza “el gran Veyron”, es suficiente para hacer fluir tu
adrenalina. Su acabado es digno de los dioses, como dirían los griegos, y
encima adelgazan el conjunto en 45 kilos. En la parte frontal combinan piel y
Alcantara cosida formando rombos, al más puro estilo de los míticos deportivos
ingleses. No en vano, este coche recoge la herencia del también denominado “Supersports” de 1925 y que también contaba sólo con dos asientos. La estructura trasera es de visible fibra de carbono, como los más radicales deportivos, pero sin perder un ápice de su elegancia. Son fácilmente adaptables
y no tienen el cinturón integrado, como es normal en los baquets, y que los
haría más incómodos. En la parte trasera no hay asientos, aunque está previsto
que puedan ponerse opcionalmente. En “nuestro” Bentley, en su lugar, lucía una
grande y bella barra de carbono que iba de un lateral a otro para reforzar la carrocería. Detrás,
dejaba hueco para llevar alguna maleta. No obstante, el espacio del maletero
cuenta con unos respetables 370
litros de capacidad.
La fibra de
carbono inunda también todos los paneles del salpicadero y consola central,
borrando de su interior todo rastro de madera. He visto interiores de carbono
en Ferrari y en otras marcas y, queramos o no, aunque nos encante a los más
“carbonillas”, es un material rudo y poco estético. Aún así los artesanos de
Crewe han sido capaces de conseguir glamour con este material. El resto de
componentes son idénticos al resto de la gama Continental GT,
incluido su volante, del que ya una vez dije que, por su diseño, parece creado
en Mordor más que en Inglaterra (lo sé, es un comentario Friki). Las que no son
británicas, ni “tolkinianas”, son las levas que lo acompañan. Su procedencia es
el Volkswagen Phaeton, como la carrocería, el motor y un sinfín más de piezas,
y son tan incómodas como inútiles, pues su tacto y su largo recorrido no pegan
nada con un “supercar” como éste. Además, da la sensación de que si las accionas
con determinación las vas a romper. La consola central y el navegador son las
únicas partes que parecen haberse quedado anticuadas. De hecho, es donde el
nuevo Continental GT aportará más cambios. Para rematar el ambiente “de
carreras”, contamos con un pedialier metálico que, una vez más, ofrece
deportividad, pero también confort.
MOTOR
Ya hace
tiempo que no es noticia: el motor y la base de este coche, como la mayoría de la gama Bentley, tienen
su origen en el Phaeton. En este caso, este 12 cilindros en W ha sido llevado
un poco más al límite para mejorar su potencia y respuesta. Como novedad, la
marca presume de que puede funcionar también con Biocombustible, lo cual ayuda
a cumplir con mejor nota la normativa de emisiones. Con sus 630 CV, es un 3,7 %
más potente que la
versión Speed y dispone además de un 6,7% más de par (800
Nm).
Esas cifras se obtienen, según la marca, por el trabajo llevado a cabo en
el sistema de turboalimentación y no cita ningún cambio más, aunque, por lo
visto en nuestra prueba, también son obvios los cambios en el sistema de
escape. Asociado a este W12 de 6
litros hay ahora una nueva caja de cambios ZF de seis
relaciones creada específicamente para este coche. Los cambios con ella, según
el dossier de prensa, han sido recortados a la mitad en tiempo y permite hacer
“kick down” de sexta a cuarta sin problemas. Para optimizar esos cambios, la
caja se coordina perfectamente con el motor y la inyección. Cuando
el motor funciona a alto régimen, son acompañados, como en una orquesta, por
secos petardeos de escape, como en los F1. Las prestaciones hablan por sí
solas: 3,9 segundos tarda en alcanzar los 100 km/h y 8,9 los 160 km/h. La velocidad
punta es de 329 km/h.
Para lograr esas cifras, como buen Bentley, empuja como un auténtico tren. La
diferencia es que ahora sí puedes experimentar un tirón más deportivo entre
cada cambio de marchas, pero tampoco tu cuello se resentirá. Sus velocidades de
crucero pueden ser tan escandalosas y cómodas que, si las dijera, Pere Navarro
me haría quemar en la
hoguera. Creo que no existe coche en el mundo con el que se
pueda viajar tan rápida y confortablemente. El precio a pagar -otro más- es su
consumo de combustible. Datos declarados: 24,5 litros, 11,6 y 16,3 litros a los 100 km (urbano, extra urbano
y mixto). Sin comentarios.
Ya hemos
visto las variaciones introducidas en su motor que, realmente, son mínimas y
sólo ligeramente apreciables en la caja de cambios. Donde más trabajo hay es en
su chasis (de hecho, Bentley dice haber empleado nada menos que 24 meses en el
desarrollo de todo el coche). Se ha buscado un aumento de rigidez y mayor
ligereza. Los 110 kilos que ha adelgazado respecto al GT Speed, surgen, entre
otros elementos, de las suspensiones, que además han sido reconfiguradas
buscando deportividad. Como en el GT Speed su altura se ha reducido en 10 mm en el eje delantero y
15 en el trasero. Éste ha sido ensanchado también en 50 milímetros para
soportar mejor su nuevo papel de protagonista, pues la tracción integral le
encarga ahora el 60% del esfuerzo. Además, calza ahora, en los dos trenes,
neumáticos 275/35 ZR20 fabricados expresamente por Pirelli y que envuelven
llantas de 20 pulgadas
también aligeradas en 10 kg.
Los frenos, de carbono de origen, también ahorran peso (20 kg) y, personalmente, me
parecen (por experiencia) un seguro de vida para un coche con más de dos
toneladas de lastre. Un elemento de gran importancia y que también ha sido
tratado es la dirección, que en el Supersports es más sensitiva, pero más dura
y precisa con el aumento de la velocidad.
COMPORTAMIENTO
No he
rodado en circuito con él y, aunque Bentley hizo su presentación mundial en el
de Monteblanco (Huelva),
no es su hábitat natural. Que nadie se engañe, no es
un Ferrari. Pero eso tampoco es malo. El Continental Supersports, como hemos
visto, aporta un extra de elegancia y confort que pocos “supercars” pueden. El
objetivo de la marca británica con este coche, está más que conseguido.
Manteniendo la esencia de la familia Continental GT, te hace sentir más
sensaciones de deportivo. El mayor empuje del tren trasero, el aumento de tacto
que aporta su nueva dirección y esa pequeña ventaja de peso, despiertan más
emociones. Si le sumamos un motor algo más enérgico y una caja automática más
rápida que hace que el escape bufe a cada cambio, es lógico que un sinfín de
sensaciones afloren en ti. La mayoría de ellas sólo las apreciaremos cuando
accionemos el modo Sport, tanto en la palanca de cambios como en su sistema de
suspensión neumática (mediante la pantalla del navegador). Es entonces cuando nos
llenaremos de valor para afrontar con decisión un tramo de curvas lentas o
rápidas. Aunque rápidamente volveremos al mundo real y recordaremos a Newton y
su ley de la
gravedad. Porque por mucha electrónica que incorpore el
Supersports, 2.315 kilos siguen siendo muchos para un deportivo. Un cambio de
rasante o un rápido cambio de dirección nos lo recordarán enseguida. Además, el
esfuerzo que genera la electrónica para corregir esos movimientos del chasis es
posible que haga que tú mismo o alguno de los sufridores que han decidido
acompañarte en tu excursión os mareéis. En modo Confort todo vuelve a su sitio
y nuevamente disfrutaremos de las ventajas propias de una berlina de
representación pues, aunque el Supersports no lo sea, tiene su base en una.
Podrías viajar con él al final del mundo y más allá, como ocurre con cualquiera
de los modelos que componen la familia de la marca inglesa. Sólo noté una
diferencia con el resto, y es que sus enormes neumáticos se escuchaban
demasiado en la cabina, pero quizá sea el poco precio a pagar por disfrutar de
un Bentley más deportivo. El tacto de los discos cerámicos es agradable,
aunque
no suele serlo por las características de este material. A velocidad reducida
podemos clavarlo en el sitio con facilidad y a alta, debido al peso,
conseguiremos el rendimiento que conseguiríamos con unos de acero en un coche
con la mitad de peso. Vienen de serie en este modelo, pero si me tuviera que
comprar otro Bentley, también los pondría aunque tuviera que pagarlos.
El
equipamiento de serie es tan extenso como se espera en un coche de estas
características. Algunos de los extras que montaba el Continental Supersports
que probamos eran la cámara trasera para cuando accionamos la marcha atrás o el
sistema de sonido Naim, que a mí, sin ser un mal equipo, no me parece a la
altura de una marca como Bentley. Creo que el nuevo que ofrece Porsche,
Burmeister, o Bang&Olufsen están muy por delante.
El precio
del Bentley Continental Supersports Coupé sin incluir extras, ni impuestos, ni
transporte es de 193.300 euros. Según mis conclusiones, contemplaría su compra,
tal como intuyo que tiene previsto la marca, si quisiera comprar un Bentley. En
definitiva, no es un superdeportivo que busca prestaciones al precio que sea
para un cliente, a su vez, de “supercars”, sino que trata de ofrecerle algo más
a un cliente típico de Bentley. Pero tampoco nos engañemos, el cliente Bentley
no tiene en todos los casos más de 50 años. A mí me gustaría tener un
Supersports para que, igual que pueda hacer Beckham con su Continental GT,
acudir con toda elegancia a los actos y eventos más exclusivos, o para viajar
cómodamente sin plantearme el número de kilómetros a recorrer. Obviamente, para
esos usos, un deportivo radical no encajaría igual.
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